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Crimenes

El crimen imperfecto que se hizo perfecto en Argentina

Lucila Frend encontró a su mejor amiga muerta en su habitación. Se convirtió en la principal sospechosa pero hasta la fecha sigue libre.

Mundo Violento
Por Mundo Violento
  • Lucila Frend y Solange Grabenheimer se conocían desde chicas pero una encontró a la otra asesinada.

    Lucila Frend y Solange Grabenheimer se conocían desde chicas pero una encontró a la otra asesinada.

A 10 años de un crimen que sucedió en la provincia de Buenos Aires, Argentina, todavía no queda claro quien mató a la joven Solange Grabenheimer, aquella madrugada del 10 de enero del 2007 pero la principal sospechosa era o es su mejor amiga de la infancia Lucila Frend.

Ambas eran amigas desde que que eran unas jovencitas pre adolescentes. Se habían conocido en la secundaria del colegio La Horqueta y desde entonces lo habían compartido todo, la escuela, secretos, dormían juntas, etc.

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Así que decidieron irse a vivir juntas a un departamento de Florida en Vicente López, algo normal por su gran amistad. Pero nadie imaginó que una de ellas terminaría muerta.

Si Solange Grabenheimer era extrovertida, seductora y salidora, Lucila Frend parecía su complemento, introvertida, racional y madura.

Sol trabajaba en el negocio de su padre y Luli en un laboratorio medicinal como secretaria. Aquella noche de enero acordaron reunirse después del trabajo para acudir a una fiesta de cumpleaños pero Sol nunca llegó.

Lucila se dio cuenta de la ausencia de su amiga, se comenzó a preocupar y se fue al departamento donde ambas vivía para ver si se encontraba allí. Llamó a Santiago, el novio de sol para que acudiera de inmediato. Cuando él llegó, la amiga se mostraba temerosa y se repetía así misma que algo malo esta ocurriendo. Nunca quiso entrar a la vivienda y pidió que otros lo hicieran.

Adentro, en el primer piso estaba Sol, tirada en un charco de sangre junto a su cama, sin signos vitales y con varias cuchilladas en su cuerpo".

Llegó la Policía, revisó el cuerpo, lo dio vuelta y lo dejó boca arriba. Llegó el fiscal y le pidió a Lucila que entrara para que viera si, además, habían robado algo. Confirmó que no.

El fiscal, Alejandro Guevara, días después la convocó para una reconstrucción de la escena. La indagó y Lucila le dijo que aquel 10 de enero se había ido de su departamento a las 7.30 de la mañana pero su jefe certificó que había llegado hasta las 8:40 y que, hasta donde ella creía, Sol todavía dormía.

Que luego la había llamado al celular y no le había respondido y que le había dejado algunos mensajes de texto. Llamó al negocio donde trabajaba y le habían dicho que no había ido. Y que por eso se había preocupado aquella noche al ver que no llegaba al cumpleaños.

El fiscal no le creyó.

El perito policial ubicó la hora del crimen entre la 1 y las 7 de la madrugada, cuando Lucila estaba en la casa. Otro agregó que había indicios de que el asesino era zurdo, como Luli.

Un tercero determinó que ninguna puerta o ventana había sido forzada, por lo que podía suponerse que no habían ingresado extraños. Guevara avanzó y dijo que las chicas tenían problemas de convivencia, sugirió que la sospechosa habría querido avanzar sexualmente a la víctima y por fin pidió su detención.

Pero se la negaron. Y anularon la reconstrucción del hecho, porque había violado las garantías constitucionales de Lucila. A pesar de eso, la llevó a juicio oral, en 2011.

El perito contratado por la defensa dijo que el crimen había sido entre la 1 y las 9 de la mañana, lo cual le daba a Lucila un margen de dos horas fuera de la escena.

Se buscaron pruebas pero curiosamente algo extraño sucedió con una de ellas: el forense afirmó que no había tomado la temperatura del cuerpo al hallarlo en la casa (un indicador certero del horario del asesinato) porque no tenía termómetro.

El líquido que se extrae de todo cadáver para calcular la hora del deceso se había contaminado. y Lucila quedó libre, absuelta. “Voy a ser feliz el día que se encuentre al asesino”, declaró. 

“La asesina es ella”, respondió la madre de Sol, Patricia Lamblot.

La absolución fue apelada y  nadie volvió a demandar o interponerse y el crimen imperfecto se hizo perfecto.

 

 

Con información de: Clarin

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